Artículos de
Franco Díaz Ceballos
Artículo – Cuando el problema no es la técnica: la verdadera razón detrás del bajo rendimiento en ventas
Hace unos días me escribió un vendedor con el que había trabajado hace algunos años. En aquel entonces, recuerdo con claridad una frase que me dijo en una de nuestras sesiones:
“A veces no salgo del hotel y no visito a los clientes.”
No era que no supiera vender.
No era que no tuviera herramientas.
Había leído a referentes, había estudiado métodos, conocía los pasos. Pero algo no estaba funcionando.
Lo que estaba fallando no era la técnica. Era el orden. Era la estructura. Era lo que pasaba en su cabeza antes de salir a ejecutar.
Con el proceso que hicimos en ese momento logró reorganizar su día, planificar mejor, exponerse más y, como consecuencia, mejorar su rendimiento. No cambió de método. Cambió su forma de gestionarse.
Años después vuelve a escribirme. El contexto es otro, el rubro es distinto, pero el síntoma es similar: cuestionamientos, dudas internas, pérdida de foco.
Y ahí aparece una verdad incómoda que muchos vendedores conocen pero pocos dicen en voz alta: a veces no necesitamos aprender más… necesitamos volver a ordenarnos.
Saber vender no siempre alcanza
Cuando el rendimiento cae, lo primero que suele venir a la mente es: “Necesito aprender algo nuevo”. Otro curso. Otra técnica. Otro referente. Otro método.
Es casi automático. Si los resultados no están acompañando, asumimos que el problema es técnico.
Pero en la mayoría de los casos no lo es.
El vendedor que me escribió no había olvidado cómo vender. Seguía teniendo herramientas. Seguía sabiendo negociar, prospectar, argumentar. Lo que se había debilitado no era su capacidad comercial, sino su estructura diaria.
Y cuando no hay estructura, la técnica se diluye.
Porque vender no es solo saber qué decir frente al cliente. Es levantarse y salir. Es organizar el día. Es decidir qué clientes visitar primero. Es sostener la disciplina cuando el entusiasmo baja. Es ejecutar incluso cuando el diálogo interno empieza a jugar en contra.
Ahí es donde aparece algo que muchas veces no se enseña en los cursos tradicionales:
lo que pensamos impacta directamente en lo que hacemos.
Si el pensamiento es:
- “No estoy rindiendo como debería.”
- “Me están cuestionando.”
- “Capaz no soy tan bueno como creía.”
Ese pensamiento genera una emoción.
La emoción impacta en la acción.
Y la acción —o la falta de acción— impacta en el resultado.
El problema no es que el vendedor no sepa vender.
El problema es que dejó de sostener el sistema que lo hacía vender.
Y cuando eso sucede, ningún nuevo método reemplaza la falta de orden interno.
Capacitación en ventas no es lo mismo que acompañamiento integral
Formarse en ventas es importante.
Aprender técnicas, dominar procesos, entender cómo negociar, cómo presentar una propuesta o cómo cerrar una conversación es parte del oficio.
Pero hay algo que la capacitación tradicional no siempre aborda: quién es la persona que está ejecutando esa técnica.
Un vendedor puede salir de un curso sabiendo exactamente qué decir, puede conocer los pasos, dominar el guión y aun así no ejecutarlo.
Porque el problema no está en el contenido. Está en la consistencia.
Ahí es donde aparece la diferencia entre aprender a vender y sostenerse como vendedor.
El acompañamiento integral no trabaja solo sobre el “qué decir”, sino sobre el “cómo estoy” cuando lo digo.
No se enfoca únicamente en la estrategia comercial, sino en la “estructura” personal que permite que esa estrategia se sostenga en el tiempo.
Incluye cosas que no suelen estar en los manuales:
- Cómo organizar el día cuando la motivación baja.
- Cómo planificar cuando el contexto cambia.
- Cómo gestionar el diálogo interno cuando aparecen cuestionamientos.
- Cómo recuperar el foco después de una semana difícil.
- Cómo evitar que una crítica externa se transforme en un bloqueo interno.
En aquel proceso inicial, no fue un nuevo método lo que cambió su rendimiento.
Fue el orden.
- Diseñamos rutinas.
- Estructuramos la semana.
- Definimos momentos específicos para planificar, ejecutar y revisar.
- Trabajamos el pensamiento antes de trabajar el discurso comercial.
Y eso modificó los resultados.
Porque cuando la persona se ordena, la técnica vuelve a funcionar.
Qué necesita realmente un vendedor cuando siente que está bajando su rendimiento
Cuando un vendedor atraviesa un momento de bajo rendimiento, lo primero que suele pensar es que necesita aprender algo nuevo.
Pero en la mayoría de los casos, no necesita más información.
Necesita estructura.
Necesita volver a lo básico, pero no en términos de técnica, sino en términos de sistema personal.
Porque cuando el rendimiento baja, generalmente hay señales previas:
- El día empieza sin planificación clara.
- Las visitas o llamados se postergan.
- Las reuniones se extienden más de lo previsto.
- El seguimiento se vuelve irregular.
- El pensamiento negativo empieza a ocupar más espacio del que debería.
En ese punto, el trabajo no es incorporar otra herramienta.
Es reorganizar lo que ya se tiene.
Volver a definir:
- ¿Cuáles son las actividades de mayor impacto?
- ¿En qué momento del día se ejecutan?
- ¿Qué espacios están destinados a planificar?
- ¿Qué rutinas sostienen la disciplina incluso cuando la motivación baja?
En aquel proceso inicial, lo que cambió no fue el discurso comercial.
Fue la estructura del día.
Se establecieron horarios claros para ejecutar.
Se limitaron las distracciones.
Se definieron objetivos concretos por jornada.
Se trabajó el pensamiento antes de salir a vender.
Y cuando la acción volvió a ser consistente, el resultado acompañó.
Porque la venta no es un evento aislado.
Es la consecuencia de una cadena de decisiones diarias.
Y cuando esa cadena se rompe, el rendimiento cae.
No por falta de talento.
Sino por falta de orden.
A veces no necesitas aprender más, necesitas volver a ordenarte
Aquella vez, hace años, el problema de mi cliente no era que no supiera vender.
Era que no estaba saliendo del hotel.
Hoy el contexto es distinto, el rubro cambió y los desafíos son otros. Pero la raíz vuelve a ser similar: cuando el orden interno se desestructura, el rendimiento lo refleja.
Esto es algo que muchos vendedores atraviesan en silencio.
Saben vender.
Tienen herramientas.
Han leído, estudiado, practicado.
Y aun así, hay momentos en los que se sienten desalineados, cuestionados o desmotivados.
En esos momentos, no hace falta sumar más teoría.
Hace falta detenerse, revisar la estructura y reconstruir el sistema personal que sostiene la acción diaria.
Porque vender no es solo técnica.
- Es disciplina.
- Es planificación.
- Es regulación interna.
- Es identidad profesional.
Y cuando eso se ordena, la técnica vuelve a funcionar.
Si estás atravesando un momento donde sabés que tenés herramientas pero no estás logrando los resultados que esperabas, tal vez no necesites otro curso.
Tal vez necesites una conversación honesta con vos mismo, estructura clara y acompañamiento para volver a alinearte con tu potencial.
Saber pedir ayuda también es parte del crecimiento profesional.
No porque no sepas vender, sino porque incluso los vendedores más preparados atraviesan momentos donde necesitan reordenarse.
Si sentís que tenés herramientas pero no estás logrando el rendimiento que sabés que podés alcanzar, podemos trabajar juntos en estructurar tu sistema personal de ventas.
A veces una conversación a tiempo cambia el rumbo de todo el año.
